Martes, 15 de junio de 2010

Existe un c?ctel de antidepresivos y antiespasm?dicos que provoca hipnosis qu?mica. La f?rmula -con benzodiazepina y escopolamina-, inyectada en un bomb?n que le hac?a comer a sus v?ctimas, permiti? a un individuo saquear y agraviar sexualmente a numerosas mujeres.

?Estas, al despertar del letargo, se sent?an ultrajadas y en la certeza de que durante la ausencia de su voluntad les hab?an quitado el dinero y la honra. A casi cuatro millones y pico, sumergidos en la crisis del desempleo y el subempleo, no hace falta explicarles c?mo act?a esta sustancia.

Una f?rmula tan hipn?tica e inmovilizante como aquella del bomb?n someti? en la d?cada que termina la voluntad de gran parte de la poblaci?n humana del planeta.

A diferencia del c?ctel usado por el truh?n del caso policial, el efecto hipnosis en la sociedad lo causa una compleja trama de variables. Ninguna espiritual, obviamente, ya que todas provienen del orden econ?mico. Y su poder de hipnosis resulta ya tan natural que los damnificados no lo advierten.

El hipn?tico que se difundi? en estas latitudes viene tentadoramente oculto bajo una cobertura de bienestar para que, al ingerirlo, endulce la boca y el consumidor no se d? cuenta del amargo peligro que se esconde en su interior. Si el anestesiado y dominado por el letargo llegara a sospechar e intentara rechazar la golosina, igual se la dar?an por la fuerza sin siquiera chocolate. Y ni se les ocurra reaccionar. No se puede rozar ni con la punta de la lengua la delicada hostia sagrada del credo financiero, el supremo designio del mercado.

Que no se le ocurra a alg?n anacr?nico nost?lgico reclamar por otro mundo mejor que el que se le brinda. El que hay es ?ste y gracias de que nos dejen todav?a habitarlo.

Lo que no hay en el centro comercial no est? en ning?n otro lado;
lo que no se expone en los escaparates no merece ser considerado.
Lo que no se gana, se pierde. Apotema ?ste que desestima cualquier relaci?n arm?nica de fuerzas basadas en matices morales o solidarios: ganar es ganarle a un adversario. Al otro. El sistema de la competencia entre productos es llevado a las relaciones entre los seres humanos.

Por eso, los viejos -cada vez m?s j?venes- son un d?ficit indeseado que, parad?jicamente, ven prolongar su vida a la que el mercado considera in?til. Mundo de una crueldad extrema que fabrica cada vez m?s seres y cada vez m?s los abandona o los desecha antes. Somos nosotros esos viejos: ahora o ma?ana; antes o despu?s. Los p?beres de hoy ser?n viejos como todos.

Mientras muchos bailan sedados, no advierten lo que les espera. Tienen una cara de felicidad y de nader?a que da envidia. Los traviesos j?venes de hoy en d?a nos dan muestras de su talento destrozando sus vidas entre mensajes de m?vil y botellones en lugar de sacar provecho del dinero que sus padres pagan a costa a veces de mucho sacrificio.

Parecen despiertos, pero son zombis a los que les dieron demasiados bombones. El bomb?n hipn?tico fue consumido a granel. Algunos lo ingieren por medio de las formas m?s sofisticadas: incluso de Internet.

Navegan por doquier, mientras Bill Gates, cada d?a m?s terrestre, se queda en su casa recaudando a raudales. La tercera parte de la poblaci?n mundial sobra; forma parte de ese paisaje obsceno de la exclusi?n y la pobreza que deber?a hacer llorar de pena a los que nos gobiernan.

?Este es el esquema sobre el que ?ste c?ctel se propone hacer dichoso al mundo. Mientras el sopor sea abundante y parejo, y no cunda un despertar m?s o menos l?cido en individuos, grupos o masas, la situaci?n no cambiar?. El paisaje que vemos es ?se y nos parece el m?s natural. Pero estamos nosotros adentro y, en la mayor parte de los casos, del lado que pierde.

La hipnosis hace bien su trabajo. La adormidera, el abandono de la voluntad de los dominados por el c?ctel hipn?tico, toma sus primeros rehenes en los responsables del poder pol?tico y dirigente. Estos, ya captados y desarmados de cualquier reacci?n y, sobre todo, recriminados por el inexorable fracaso del pasado, se ofrecen a difundir y perpetuar el efecto hipnosis en sus gobernados.

?La idea es fant?stica: a buena parte de la sociedad humana se la hace creer que es libre y aut?noma mientras se somete, sin pensar, sin saber, sin entender a qu? clase de para?so la llevan, donde para entrar hay que hacer tanto sacrificio y en cuyo tr?mite tantos cesan.

Cada d?a que pasa son m?s los que salen que los que ingresan: esta prueba es num?rica y emp?rica. Las tasas del paro y de cruz roja cada d?a son m?s grandes. Los aut?nomos, al principio, comieron m?s bombones que nadie; por eso mientras se van despertandon gritan como si estuviera saliendo de un mal sue?o. Mientras estaban hipnotizados se dejaron hacer; ahora lo ?nico que les queda es el remordimiento.

Habr?a que preguntarse: ?por qu? aceptaron aquellas v?ctimas del truh?n comer un bomb?n de un desconocido? Si les hab?an ense?ado a rechazar cualquier invitaci?n de un extra?o.

Ahora, a medida que despiertan, los golosos piden purgarse.


Publicado por ARMAKdeODELOT @ 0:26
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios